viernes, 21 de febrero de 2014

Enamorarte es de gilipollas pero de gilipollas también es no enamorarte nunca.

Enamorarte es de gilipollas pero de gilipollas también es no enamorarte nunca. ¿Qué coño te pasa? Estás permitiendo que alguien maneje tu estado de ánimo. Se te ha olvidado que tú dependes de ti. Claro que si, gilipollas hay en todos sitios, pero personas que aguanten a gilipollas hay pocas, y a ti te ha tocado. Pero te ha tocado porque tú lo permites. Te ha tocado y se ha ido sin decirte que te quiere. Pero te llama otro día de estos, se te olvida que te quiso simplemente para follar y tú vuelves a quedar. Vuelve a hacer lo mismo. Y tú vuelves a caer. Es un bucle constante en el cual no sabes si duele más no tenerle nunca, o tenerle sólo cuando te necesiten a ti. En el fondo a veces no tenemos necesidad de tropezar con la piedra, pero a todos nos gusta el drama y el amor de vez en cuando. Cogemos la piedra y la ponemos en nuestro camino paratropezar con ella y caer del todo, creyendo que la piedra se levantará del suelo y nos dará la mano para ponernos en pie. Estamos muy equivocados. Enamorados. Que estamos todos muy enamorados. ¿Y tú orgullo? ¿Y tú cabeza alta? ¿Pero de qué coño vas cuando te dice que vayas y tú vas? ¿Eres más feliz insistiéndole para que te coja el móvil? ¿Por qué lloras si ves que lo lee y no contesta? ¿Por qué coño no llora él o ella cuando tú tengas cojones de irte para siempre? Últimamente no sé quién es más gilipollas, no sé si es gilipollas él que ya de por sí lo es, o es más gilipollas la persona que está dispuesta a aguantar eso. Al fin y al cabo supongo que eso es amor. Del malo, pero amor. Yo también soy gilipollas. Es lo que tiene enamorarte. Y lo que a él le falta.

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