viernes, 7 de marzo de 2014

Pequeña carta para que sonrías.

Llegó a mi vida un quince de diciembre y seguramente mentiría si ahora mismo dijera que no me enamoré en el primer segundo en que lo tuve en frente.¿Sabéis ese momento en las películas en que todo va a cámara muy muy lenta y suena una música de fondo bajita y suave? Mirarle es siempre así, como si nada existiera, como si tuviera delante de mis narices a la mismísima razón del sentido de la vista. Llegó a mi vida, y como si de ángulos se tratase, mi vida ha dado un giro que ha venido a parar en su espalda, es sin duda el mejor cuento para dormir que conozco. Una vez me hablaron de la complejidad de los abrazos, de lo difícil que resulta que dos personas encajaran perfectamente en uno de ellos. No sé muy bien cómo explicar esta parte, pero los puzles nos miran desde la mesa embobados, envidiando tanta complicidad.

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